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'El laberinto mágico', un referente para el público infantil

La crisis financiera global de 2008 golpeó a todo tipo de empresas. Los bancos recortaron el crédito y las tensiones de tesorería hicieron peligrar más de un negocio. Aunque la demanda de juegos de mesa subió porque la gente buscaba opciones de ocio más económicas, Devir sufrió problemas de financiación y tuvo que replantear su estrategia para adaptarse al nuevo contexto. En medio de esta situación, la editorial alemana Schmidt Spiele llamó a la puerta, con una oferta de colaboración.

Devir había publicado juegos infantiles antes, como El Señor de los Anillos Junior o Catan Junior, pero hasta entonces no habían funcionado demasiado bien. Sin embargo, Xavi Garriga, director editorial del grupo, recuerda que el catálogo de Schmidt les encantó. Entre todos los juegos se decantaron por El laberinto mágico, que recientemente había ganado el Spiel des Jahres kinderspiel, el prestigioso galardón al mejor juego publicado en Alemania, en la categoría de título infantil.

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Un juego mágico

Diseñado por Dirk Baumann e ilustrado por Rolf Vogt, El laberinto mágico es una ingeniosa y divertida propuesta recomendada a partir de 6 años en la que pueden participar de 2 a 4 jugadores en partidas de unos 30 minutos. Los jugadores adoptan el rol de aprendices de brujo y tienen una misión muy importante: reunir cinco símbolos mágicos. Sin embargo, sus maestros no se lo van a poner fácil: han preparado un laberinto con muros invisibles que dificultan el acceso a los preciados símbolos. Así, los jugadores deberán emplear su memoria para recordar donde se encuentran las paredes y ser los más rápidos en reunir los símbolos.

El laberinto mágico utiliza un sistema de doble tablero y bloques de madera para simular los muros invisibles. Antes de empezar a jugar, se prepara el laberinto con las piezas de madera en el tablero inferior, en la misma caja. Según quién vaya a jugar, se puede ajustar la dificultad usando menos piezas. A continuación, se colocan los peones imantados de los jugadores en las esquinas del tablero superior, junto con una bolita metálica en la parte inferior. De este modo, cuando la bolita impacta contra una de las piezas de la parte inferior, cae y vuelve a través de una rampa a la casilla de inicio.

Se saca un símbolo de la bolsa, se coloca en el tablero y todo está listo para empezar. Por turnos, cada jugador tira el dado y podrá moverse tantas casillas como muestre el resultado. Siempre se pueden mover menos casillas de las que marca el dado, pero el movimiento solo podrá ser horizontal o vertical, nunca en diagonal.

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Cuando un jugador llegue a un símbolo mágico, se lo queda y se saca uno nuevo de la bolsa. Si un jugador se encuentra en la casilla donde hay que poner la ficha... ¡Ha tenido mucha suerte, porque se la queda! Los turnos se van sucediendo hasta que uno de los jugadores sume 5 símbolos y se proclame vencedor. Para ganar, la memoria es un factor clave, pues hay que recordar donde se encuentran los muros invisibles.


Todo un referente

Explica Xavi Garriga que: “Este juego nos pareció una joya: mágico, con componentes preciosos y una idea brillante. Y acertamos. Ha vendido más de 150.000 copias y se ha convertido en nuestro referente en juegos infantiles, junto con El Monstruo de Colores”. Además del Kinderspiel, el juego de Dirk Baumann recibió una gran cantidad de nominaciones y galardones a lo largo de los años.

La relación con Schmidt empezó con muy buen pie, y siguió viento en popa. Poco después llegó La polilla tramposa, que se convirtió en otro gran éxito. A partir de ahí llegaron otros títulos como Escalera Encantada o Póquer de Bichos. Garriga concluye: “El laberinto mágico tiene algo especial: las paredes invisibles, los imanes ocultos… es un juego que enseñas, la gente lo prueba y al minuto lo compra. No tiene competencia”.