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El monstruo de colores: emociones para todos los públicos

Texto de Víctor Farradellas. Fotos de Boardgameshot.

Los juegos infantiles también han sido una parte muy importante de la historia de Devir Iberia. En palabras de Xavi Garriga, director editorial del grupo, en los últimos 25 años “no habremos sacado una gran cantidad de juegos infantiles, pero los que hemos publicado están muy bien seleccionados”. Entre los juegos infantiles publicados, uno de los que destaca por varios motivos es El monstruo de colores, título de edición propia basado en el popular cuento de Anna Llenas, diseñado por Josep Maria Allué y Dani Gómez.

Una persona clave para la publicación del juego fue David Esbrí, quien contactó con Anna Llenas para adaptar su popular cuento infantil. Se trataba, pues, del primer juego de edición propia de la nueva etapa de la editorial, con Esbrí como responsable. Una vez alcanzado el acuerdo con la ilustradora y autora para crear un juego de mesa de El monstruo de colores, el siguiente paso fue buscar alguien que diseñara las mecánicas. Para este trabajo contaron con el prolífico Josep Maria Allué (autor de decenas de juegos, algunos de ellos publicados por Devir) y con su socio y amigo Dani Gómez.

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El principal reto al que se enfrentaban Allué y Gómez era trasladar el encanto y la magia del cuento a un nuevo formato. El libro explica la historia de un monstruo que se ha hecho un lío con distintas emociones (alegría, rabia, miedo, tristeza y calma). Para entenderlas y deshacer el entuerto de hilos, el monstruo recorre un camino junto a una niña para entender cada emoción. Su historia ayuda a los más pequeños (y también a los que no lo son tanto) a conocer y trabajar las emociones.

El juego, que se puede disfrutar en grupos de 2 a 5 jugadores, a partir de los 3 años, es colaborativo. A lo largo de la partida, los jugadores tiran un dado y mueven el peón del monstruo sobre un tablero que muestra distintas emociones con fichas encima. Cuando el monstruo acaba su movimiento sobre una zona de emoción, quien ha tirado el dado tiene que expresar lo que le provoca la emoción correspondiente, como por ejemplo una experiencia, un recuerdo, un objeto o un momento. A continuación, debe elegir uno de los tarros de los estantes y le da la vuelta. Si el color del tarro coincide con el de la ficha de emoción que se encuentra en ese espacio, la pone dentro: ¡el monstruo está más cerca de comprender las cinco emociones y los jugadores de ganar la partida! Si el tarro es de un color distinto al de la zona o aparece un revoltijo de colores, hay que seguir intentándolo en turnos posteriores.

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Además, en el tablero hay la figura de la niña, que se puede mover con un resultado particular del dado. Siempre que coinciden las dos figuras en un espacio, la niña ayuda al monstruo y no permite que se acumulen los tarros de revoltijos en los estantes, ya que si en algún momento se muestran tres, los jugadores pierden la partida. Más allá de la mecánica basada en la memoria (que desafía a los jugadores a recordar donde se encuentra cada tarro), el juego brilla por el elemento narrativo. La esencia de la experiencia de juego se concentra en los momentos en los que hay que describir qué provoca una cierta emoción. El juego crea un espacio para que todos se expresen, abre una ventana para que los pequeños (y los que no lo son tanto) digan qué les provoca miedo, tristeza, alegría, rabia o calma. Puede llegar a sorprender escuchar según qué respuestas de personas a las que creemos conocer bien…

Mientras Allué y Gómez pulían los últimos detalles, Esbrí cerraba la producción del juego. Viajó hasta China para comprobar personalmente la calidad de los peones de madera del monstruo y la niña, buscó la manera de diseñar los tarros con cartón de doble capa para guardar las fichas de emoción como si se tratara de una hucha y montó varios estantes de troquel para estar seguro de que hasta los más pequeños podrían hacerlo. Todo ello, por supuesto, ilustrado con el estilo inconfundible de Anna Llenas y que enlaza a la perfección con el cuento.

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Nueva edición para un nuevo público

Lo que vino después, ya es historia. Tal como había pasado con el cuento, El monstruo de colores se convirtió en un éxito. Fue nominado al As d’Or como mejor juego infantil, recomendado en los Spiel y ganó la Palma d’Argent al mejor juego educativo. Traducido a más de 15 lenguas, 7 años después de su salida al mercado, el juego acumula casi medio millón de copias vendidas.

Este 2025, Devir publicará la versión de viaje del juego. Una edición más compacta y a precio reducido, pensada para llevar a todas partes y que quepa en cualquier ludoteca, esperando encontrar a nuevas generaciones de jugadores. Y es que hoy sigue siendo igual de importante hablar de las emociones y enseñar a los más pequeños (y a los que no lo son tanto) a expresar lo que sienten.