

Polilla tramposa, o cómo ganar haciendo las mejores trampas
¿Las trampas se pueden convertir en un juego de mesa? Todo aquel que haya jugado a Polilla tramposa, conoce la respuesta a esta pregunta. Para contar la historia de este famoso juego de cartas y bichos debemos retroceder hasta la feria de Essen de 2011. Drei Magier Spiele, sello infantil de la editora alemana Schmidt Spiele, presentaba como gran novedad Mogel Motte (Polilla tramposa). Y en la portada del juego aparecían dos nombres poco conocidos, seguidos de un apellido famoso: Emely y Lucas Brand. El público alemán jugón ya conocía por aquel entonces a Inka y Markus Brand, matrimonio que ya contaba con varios juegos publicados (y que en el futuro publicaría hits tan distintos como la saga Exit, Plenus o Ganges), pero era la primera vez que oían hablar de Emely y Lukas. La sorpresa fue mayor cuando aparecieron para presentar el juego un niño de 11 años y una niña de 9.

Emely y Lukas son hermanos y también los hijos de Inka y Markus. La idea tras las mecánicas de Polilla tramposa nació en las innumerables sesiones de juego que ocurrían en casa de los Brand y en las que los pequeños se las ingeniaban para hacer trampas: deslizar una carta por debajo de la mesa, esconder otra en la manga, lanzarlas por detrás del hombro… La familia Brand pensó en un modo de premiar el ingenio a la hora de librarse de las cartas, pero incluso las trampas más sofisticadas necesitas algunas normas.
La partida
En Polilla tramposa puedes hacer desaparecer hábilmente cartas de una en una, pero hay algunas excepciones: la mano de cartas siempre se debe mantener sobre la mesa; no se puede hacer desaparecer más de una carta a la vez haciendo trampas y no se puede hacer desaparecer la última carta de la mano haciendo trampas. Si pillas a alguien haciendo trampas, solo puedes acusarle si tienes la carta de chinche guardián, de modo que solo hay que vigilar que ese jugador en concreto no te vea haciendo trampas.

El objetivo de Polilla tramposa es quedarse sin cartas. La persona de más edad recibe la carta del chinche guardián, que coloca en su zona de juego, y se reparten 8 cartas a cada jugador. En cada turno debe jugarse una carta de la mano cuyo número sea inmediatamente superior o inferior al que se encuentra en la pila de descartes. Sin embargo, hay algunas cartas que desencadenan una acción. Cuando se juega el mosquito, por ejemplo, provoca que todos deban colocar su mano plana sobre la carta lo más rápido que puedan, y el más lento recibe una carta de todos los demás; la hormiga provoca que todo el mundo deba robar una carta y la araña que quien la juegue se pueda descartar de una carta de la mano.
¿Y dónde está la polilla? Por supuesto, el bicho que da nombre al juego también se encuentra entre el mazo de cartas. Si tienes la desdicha de robar una descarada polilla tramposa no la podrás jugar en la pila de descartes y no se puede dar a otro jugador. ¡La única forma de deshacerse de ella es siendo hábil al hacer trampas!

Los bichos se multiplican
Este divertido e ingenioso juego de 72 cartas fue el gran triunfador de la feria de Essen de 2011. La revista H@ll 9000 lo destacó como la novedad más bien valorada de esa edición, incluso por encima de Trajan, de Stefan Feld. De hecho, tal fue el éxito de Polilla tramposa que los hermanos Brand publicaron algo más tarde Schummel Hummel (Abejorro tramposo), donde las trampas también se encuentran entre las mecánicas.
¿Y cómo llegó Polilla tramposa a las tiendas españolas? Devir Iberia y Schmidt ya hacía unos años que trabajaban juntos. Devir había distribuido con éxito El laberinto mágico y también se animó con el juego de los hermanos Brand. El juego se acabaría editando en español, portugués y catalán y desde hace unos años Devir también lo distribuye en inglés para el mercado norteamericano. Las ventas de Polilla tramposa han ido aumentando exponencialmente, lo que demuestra que, si un juego es bueno, su edad no importa.
Bichos: Polilla Tramposa86.900,00 COP